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  • Cintia Fraser

UN MIERCOLES DIFERENTE

Después de ayuno pandémico de distanciamiento social obligado, las comunidades parroquiales de la diócesis de Puerto Iguazú pudieron volver a verse las caras después de penosa ausencia de casi tres años. Los congregados el miércoles Santo para la Misa Crismal en Esperanza podían palpar la viva alegría especialmente en el recibimiento de los anfitriones, la cordialidad de los saludos y cantos que hacían vibrar un polideportivo repleto de gente.


La lectura del Evangelio el diácono proclamó según San Lucas en 4, 16-21: "El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor"

El Padre Obispo Nicolás destacó el especial significado de la unción como acto de consagración de reyes, profetas y sacerdotes. Cristo, el ungido del Dios es el que por el poder del Espíritu Santo realiza la redención del mundo. Cristo instituye en su última cena el sacerdocio, la eucaristía y realiza en el lavatorio de los pies el signo del mandato del servicio en la caridad fraterna. De este modo quiso el Señor quedar con nosotros hasta el final de los tiempos.


Los sacerdotes como ungidos de Cristo son los que ahora reciben y llevan esta gracia al pueblo de Dios. Ellos llevan con el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el Santo Crisma, la Buena Nueva enseñando, sanando, confortando, reconciliando en las comunidades a ellos confiadas.

En ese sentido cobró particular significado el momento en que los sacerdotes hicieron la renovación de sus promesas frente al Obispo y la comunidad reunida.

Los presentes participaron también con especial atención el ritual de bendición de los óleos y consagración del santo Crisma realizado por el Obispo. Estos santos aceites fueron entregados al final de la Misa a cada uno de los párrocos presentes.

El canto final de "Santa María del Yguazú" (letra y canto de Padre Agustín Bergman, antiguo sacerdote en San Miguel) funcionó como particular preludio, invitación y bendición de la mesa.

Una mesa servida con variedad de empanadas ofrecidas con la buena onda siempre presente de...Esperanza!




Compartimos palabras del Padre Obispo Nicolás Baisi:



El Grito Misionero

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